viernes, 27 de enero de 2012

Orígenes




Alabado sea el profeta, bendito sea su nombre, bien aventurado aquellos que siguen sus enseñanzas y anatema para aquellos que lo denigren.

En el último año de la guerra santa las fuerzas de los infieles cercaron nuestra ciudad, solo nuestra fe nos sostenía pues nunca flaqueaba los infelices soberbios como eran, creían que su triunfo estaba cercano, pero no iba el Señor a consentir sus impías acciones, no quería ya someternos a más pruebas.

Aconteció que en la hora de nuestra aflicción los Ángeles del Señor se aparecieron en una gran nave, descendieron cerca del campamento enemigo, pertrechados de relucientes armaduras y espadas de fuego, exterminaron y condenaron al infierno a la mitad de los paganos, sometieron y cargaron de cadenas al resto, luego los embarcaron a todos vivos y muertos, para hacer desaparecer su inmunda presencia de la tierra.
Tras esto se estableció alianza eterna con nosotros a fin de perseguir a los herejes y paganos. Entregándolos a su custodia para que ellos los castigaran, así como también entregar a los mejores y más sabios de los nuestros, para que gocen en vida de la bienaventuranza.

Esta eterna alianza quedó forjada y nuestro pueblo quedó señalado, como el elegido
entre todos los de la tierra. Así es como es sabido por todos y sucedió en verdad, es
referido en los libros santos tal como el profeta señaló.
Alabado sea el profeta.

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